Respiro y acepto que vivo, aunque a veces no lo quisiera.
Caras de felicidad cantan sus propios temores y se ríen de su carisma.
Bocas con sonrisas cerradas observan su perfección. Errónea perfección.
Sus ojos sólo son capaces de mirar a príncipes, no a Romeos.
No son capaces de amar, pero si de aparentarlo.
Se burlan de su angustia cubriéndola con espejos y los últimos modelos de moda.
Sólo ven superficies, escándalo. Las profundidades los ciegan.
Su absurda mente no cree en cuentos y persigue las ocurrencias del mundo.
Son inmortalmente fríos, viven en burbujas de egocentrismo.
Se dedican a ser odiados por la pureza.
Vuelan en globos de superioridad con aires de envidia. No sienten.
Matan flores y comen felicidad.
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