When you say goodbye, I say hello

miércoles, 15 de junio de 2011

Abro mis pesados párpados,

mi atosigante pelo cubre mi lujuriosa boca.

Lentamente levanto mis manos hacia el cielo,

agradezco a los dioses del milagro de la vida.

 

Las fragorosas aguas del río incendian la frivolidad.

Los risueños árboles anuncian excusas para seguir soñando 

y el viento irradia locura.

 

La dulce libertad golpea contra mi opaca y oscura tez

y mis ligeros pies fantasean con un sumiso viaje al paraíso.

 

Vuelvo, las horas se apresuran por contarme el futuro,

la indecorosa culpa arrebata y ensordece mis latidos.

Vuelvo, al lugar donde nuestras bocas florecieron orquídeas,

donde tus súbitos y factibles besos ganaron la batalla a mi ilógica resistencia.

 

¿Qué sentir frente al presagio de morir en soledad?

 

Ese crepúsculo, la prudente naturaleza y mi tibio vientre,

se atrevieron a construir una esperanza,

una cálida esencia,

que daría luz a mis taciturnos ojos.

 

¿Por qué sentirnos solos, si podemos vivir acompañados?

 

Su transparente y melodiosa risa,

su singular curiosidad por conocer toda las creaciones del lúgubre mundo,

la inocencia de sus minúsculas manos

y incondicional entrega de su amor

pone en duda la diaria perversidad que vivimos.

 

Quizás no sea tan malo crecer.


                                                 Aylén (2010)

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